lunes, 25 de abril de 2011

Exigimos a Chávez ponga en libertad a Joaquín Pérez Becerra


En solidaridad con el compañero Joaquín Pérez Becerra

Pesadilla…
 
La semana que pasó, pareció cosa ‘e mandinga* y uno tiene motivos harto suficientes para preocuparse. Comenzó la “mandingueada”** con una gravísima acusación que un grupo de gente de izquierda lanzara contra un compañero también de izquierda, echando sobre él un manto de dudas para algunos y de reafirmación de la solidaridad, para otros algunos,  con ese compañero, de trayectoria impecable.
Casi que nos estábamos reponiendo cuando volvió la luz y la verdad quedó, como debe estar siempre, completamente desnuda, sin mácula y sin pecado concebida.
Sorteamos el mal rato –que no fue de pocos- nos fuimos a dormir tranquilos.
Por una noche, al menos.
Cosas de la vida  confirman que los pueblos estamos condenados a padecer. Lo que se hace inentendible es que los machetazos nos lleguen desde espacios a los que sentimos nuestros. Porque, que nos castigue el enemigo de sonrisas y sueños justos, bueno, qué otra cosa esperar, pero que nos muelan a palazos los amigos ya es otra diferente y realmente me preocupa muy, pero muy, mucho más.
Anoche sufrí una pesadilla y me dicen que fue colectiva ¿será que uno no está acostumbrado a soñar en “mí” sino en “nosotros”? Lo tenemos incorporado y estamos habituados a que se digan cosas, a padecerlas, a verle el rostro a la injusticia y generalmente somos espectadores in situ,  testigos de cómo la justicia juega a las escondidas con nuestros sentimientos. Grave la cuestión en estos casos.
Esa pesadilla fue horrorosa (me aferro a seguir creyendo que fue pesadilla) Que sólo soñé que una nueva  monstruosidad se estaba cometiendo contra un hombre de pueblo, solidario, rebelde. Periodista pecador por no someterse a la gran prensa desinformativa sino por elegir ser parte de la otra.
De  la que muestra el padecer de los pobres y la impunidad de los genocidas. Estoy hablando del compañero Joaquín Pérez Becerra, de nacionalidad sueco-colombiano. ¡Soñé que fue detenido por Interpol pero cuando pisaba tierra BOLIVARIANA!
Bolivariana como es él, menudo detalle…
Soñaba con la tierra de quien llamo “Mi Comandante Compañero, Hugo Chávez Frías”. Camarada, ejemplo que quisiera se instale en mi tierra y en tierras hermanas.
Soñé que decían  que “el gobierno bolivariano ratifica compromiso en la lucha contra el terrorismo y el crimen organizado”. Es decir, reproduciendo el discurso de los asesinos.
Soñé, en ese sueño espantoso, que estaba soñando mal, que a quien verdaderamente se “cazaba” era a Uribe, o a Santos, o a Posada Carriles, a Carlos Montaner.  Pero en mi pesadilla continué viendo el rostro del periodista. Y me resistía a   seguir soñando y daba vueltas y vueltas, tratando de despertar pero ya estaba despierta y me desesperé porque no podía entender  que mi Camarada, mi ejemplo, mi adalid haya confundido tan groseramente el objetivo.
En mi sueño no vi que se detuviera a quienes estuvieron, en concordancia con  el departamento de estado norteamericano, a punto de dar comienzo a una guerra entre países hermanos. No, se detuvo a un periodista que pecó por exceso de solidaridad, que se atrevió, que fue capaz de quebrarle las coyunturas de los talones al crimen organizado que dejó centenares de miles de muertos en Colombia.
¡¡¡¡¡Esa pesadilla me hacía ver que el compañero, Pérez Becerra, figuraba en la Lista Roja de Interpol, pero en Venezuela, no en el aeropuerto en el cual embarcó antes de arribar allí!!!!!!!!
Nuevamente, traté de despertar, con los ojos llenos de lágrimas, un sudor frío recorriendo mi espalda y un gusto a decepción tan fuerte que no encontraba la forma de quitarlo, no de mi boca, sino del alma.
Al despertar, me abalancé a encender el computador como para comprobar que realmente lo que padecí fue una tremenda pesadilla. El aparato se encendió, mi Camarada, dije para mis adentros.
Me pidió la orden de conectar a Internet, mi Camarada, seguí diciendo. Conectada, abrí mi correo pero me denegó la entrada porque puse como contraseña: mi Camarada, no
 Volví a intentar y de pronto una mano salió de la pantalla, me abofeteó despiadada, me sacudió, me demostró lo que no quería ver.
En una lágrima bailoteaba la decepción mientras corría por mi rostro. Seguí balbuceando ¡MI CAMARADA, MI EJEMPLO, MI ADALID NOOOOOO!
Entonces cuento lo que ya no sé si fue cosa ‘e mandinga o es que acaso, sigo enroscada dentro de la misma pesadilla…
Creo que todavía no desperté porque el compañero, dicen que puede ser extraditado a Colombia, por pedido de su presidente,  quien en mi sueño apuntaba en su agenda un nuevo “falso positivo”…
Ingrid Storgen 
*Mandinga: nombre que se da a la representación del diablo.
**Mandingueada: cosa del diablo

No hay comentarios:

Publicar un comentario